Hablando de camisetas: Curiosidades – parte 1

Nos tomamos un recreo de la historia de las grandes marcas para ir con un par de hechos curiosos en tema de indumentaria deportiva, que bastante tela tenemos para cortar.

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El señor de los ascensos

Luego de ocho años, el Fortuna Düsseldorf logró la vuelta a la máxima categoría alemana. El equipo que los amantes punks conocemos por Campino, líder de los Die Toten Hosen (quienes además fueron sponsor del equipo cuando este estaba casi quebrado) venció 2 a 1 al Dynamo Dresden y logró el ascenso dos fechas antes de la finalización del torneo. Pero la pregunta es: ¿Nos interesa la B alemana? Por supuesto que no. ¿Y entonces? Pasen y lean…

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Blitzkrieg Löw: Operación Barbarroja

Alemania agrandó el espacio vital de su imperio futbolístico en Rusia con la obtención de la Copa Confederaciones. Se burló del sitio ofensivo que le propuso Chile en San Petersburgo y lo derrotó 1-0 gracias a un error de Marcelo Díaz en la salida que Lars Stindl transformó en gol. En el partido por tercer puesto en Moscú, México hizo su gracia: Portugal le empató en el minuto final y, como en el Mundial de Brasil, un penal lo dejó con las manos vacías.

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Los jugadores son lo más sano (jiji) del fútbol: los puteríos de Alemania y Holanda en 1974

Las historias de puteríos causados por codicia y egos encontrados no son exclusivas del fútbol de hoy, nononono. Por ejemplo, debajo de la la explosión mundial de la selección holandesa de fútbol en el Mundial de 1974 hubo mucho más que esa imagen de fútbol total y lirismo eficiente y pobrecitos se merecían el título y toda esa monserga que lee uno de chico. Es más, te digo que ese terrible equipo al que en la final le faltaron cinco para el florín (?) estaba socavado por peleas internas originadas por mezquindades indignas de un grupo de profesionales. Pero sus rivales en la final no se quedaban atrás: los alemanes arrastraban una vergonzosa historia de codicia que por poco priva a su afición de su segundo título mundial. Si no lo sabía se lo contamos acá, y si no, también.

El Holandés revoleador (de caca)

El figurón de la selección holandesa de 1974 era el egocéntrico, crack, multicampeón y figura mundial Johan Cruyff. El flaco era el centro de atención de esa selección holandesa que retornaba a un mundial después de 36 años de ausencia en medio de una gran expectativa. Y ojo que cuando digo “centro de atención” me refiero no solo dentro de la cancha: todas las crónicas coinciden en que a Johan le gustaba la plata más que coger, y si había algo que lo llenara más que el billete era el imponer sus deseos sin importar los demás. Siendo Cruyff el crack máximo del fútbol europeo de esos años le era fácil lo anterior; lo sabía el Barcelona, que se movía presuroso con cada pedido/idea/capricho que se le cantaba en las huevas al habilidoso jugador. ¿Un ejemplo? El entrenador alemán Hennes Weisweiler sería eyectado del Barcelona preciso después que el crack no fuera alineado contra Sevilla en un partido de 1976…

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La selección holandesa en 1972. El portero Jan van Beveren es el primero de arriba, Cruyff es el tercero de los hincados. (Fuente)

La cosa era igual en la selección, como era de esperar. Desde que Cruyff tomó dimensión de figura mundial comenzó a imponer sus gustos y decisiones en el equipo, y se aprovechó de esto para tener más libertades que el Chicho Serna con los árbitros cuando jugaba en Boca. Cruyff y algunos de los del llamado Clan Ajax (Johan Neeskens, Arie Haan, Wim Suurbier, Ruud Krol, Gerrie Mühren, Piet Keizer y Johnny Rep) tenían ventajas económicas y disciplinarias sobre la mayoría de sus compañeros en la selección: llegadas tarde a los entrenamientos, libertad para fumar en el vestuario, escogencia de qué partidos amistosos jugar o no, ausencias de la concentración por viajes así fueran de placer. Muy liberal todo, pero lo más lógico en estas situaciones es que los que están afuera del queso se azararan, y esto fue precisamente lo que pasó. Los inconformes con el estado de cosas eran principalmente los provenientes del Feyenoord: Rinus Israël, Wim Rijsbergen, Wim Jansen, Eddy Treijtel, Theo de Jong o el crack Wim van Hanegem. Pero el que se destacó de los inconformes fue el gran portero del PSV Eindhoven Jan van Beveren, una leyenda del fútbol holandés, un gigante de esos que parecía tapar el arco nada más parándose en frente, y que aparte tenía unos reflejos que te sacaba un obús a quemarropa mandado al ángulo. Van Beveren no tenía pelos en la lengua (¿de dónde putas sacaron ese dicho? Qué gonorrea tener la lengua peluda… eh, sigo) para hablar las cosas y así disparó a los del Clan Ajax por ejemplo después de la fallida clasificación al Mundial de 1970: “No nos hemos clasificado porque algunos jugadores han olvidado la importancia del torneo, se han dedicado a hablar únicamente de dinero y han carecido del compromiso adecuado. Ha sido una gran decepción” ¡BUM!

Por declaraciones como estas el talentoso flaco le agarró ojeriza (?) a van Beveren, pero comía callado; porque quién putas sacaba al inmenso portero de la titular, y más cuando con sobradas actuaciones ayudó a la Oranje a clasificar al mundial de 1974. Pero en el camino al mundial pasaron dos cosas determinantes: 1) el DT que los había clasificado, el checoslovaco František Fadrhonc, no renovó su contrato con la selección y fue reemplazado por el multicampeón con Ajax Rinus Michels, y 2) nuestro Jan se lesionó feo en la ingle y se alcanzó a recuperar justo antes del inicio del torneo. Acá Cruyff agarró el centro perfecto y la picó de volea: cuando el portero se recuperó y pidió al nuevo técnico jugar solo un tiempo en un amistoso previo al debut mundialista, Cruyff presionó feo a su entrenador para que le exigiera que jugara los 90 minutos so pena (?) de no ser convocado. Van Beveren dijo que por qué tengo que jugar todo el partido Michels dijo porque sí viejo lo digo yo Van Beveren respondió que pero así es muy duro don Rinus el técnico dijo así son las cosas mijo lo toma o lo deja van Beveren dijo ahhhh me imagino que ese flaco malparido está echándole carbón Michels dijo piense lo que quiera Van Beveren dijo entonces me voy suerte es que les digo (?). (Fuente)

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Rinus Michels, a la izq cuando era jugador en el Ajax, a la derecha como entrenador

La alineación del técnico holandés con Cruyff era entendible dado que Michels era de la entraña profunda del Ajax. Como jugador había estado doce años en el club con números muy respetables, ganándose fama no solo de rendidor sino de excéntrico: es conocida por allá una anécdota en la que por broma se presentó vestido de mujer con abrigo de piel y todo (!!!) al hotel donde jugaban antes de un partido de visita. Ehh, sí, sí, “BROMA” (?). Pero como entrenador en el Ajax impuso unas reglas y disciplina que rápidamente se ganaron la autoridad de sus dirigidos, que de seguro no conocían esa incómoda anécdota (?). Total que cuando arribó a la selección, menos de un mes de iniciar el campeonato de 1974, tuvo la aprobación casi unánime de los seleccionados. Pero enseguida se hizo del lado del clan Ajax no solo por preferencias sino por evitar un boicot, y entre otras cosas apoyó la “sugerencia” de Cruyff de poner en el arco al mediopelo de Jan Jongbloed (como ya contamos por acá). Algunas fuentes afirman que Jongbloed fue elegido por Michels por su habilidad para jugar con los pies (con las manos era otra cosa), pero da que pensar dado el pobre historial del arquero (remitirse al citado post).

La defenestración (?) de van Beveren fue notoria no solo por su dimensión como jugador sino por la mediopelez de su reemplazo. Pero otras que ocurrieron en el camino, sea por decisión técnica o por otras razones, ehhh, desconocidas, no fueron tan mentadas porque se disimularon con la altísima calidad de los que sí jugaron. Como por ejemplo la no convocatoria de Willy van der Kuijlen, el mayor goleador de todos los tiempos de la Eredivisie (hizo 311 goles en 545 partidos ¡jugando de volante!), que no fue llevado a Alemania por razones que no conocemos. Ah, sí: jugaba en el PSV Eindhoven. O la polémica y efímera convocatoria de Willi Lippens, alemán de nacimiento y germanoparlante pero de madre holandesa, que en su único partido con la selección naranja fue víctima del burling (?) de sus propios compañeros por el temita ese de la nacionalidad, ¿vio? (jugadores como Van Hanegem y Krol que habían perdido a su familia a manos del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial fueron particularmente hostiles con el doblecamiseta)). Van der Kuijlen junto con Jan van Beveren fueron vueltos a llamar a la Oranje en 1975, pero el primero la cagó feo en contra del patrón Cruyff: resulta que al ver llegar al Flaco y a Neeskens a una práctica de la selección un día más tarde que sus compañeros, el volante del PSV soltó un maligno (?) “Ahí vienen los reyes de España”. El chascarrillo (?) llegó a oídos de Cruyff, que acto seguido hizo la propia de él: le exigió al técnico (ya no era Michels) que sacara a van der Kuijlen y ya que estamos a van Beveren o si no él se iba a la mierda. Obvio que sacaron a los dos del PSV: ningún técnico se iba a hacer cargo de echar al ídolo del país.

Willy Van De Kuijlen

Willy Van De Kuijlen

Pero todos estos vergueros al final parecían enterrados entrado el torneo de Alemania 1974, en el que los holandeses se pasearon sobre todos los rivales en bicicleta durante la primera y segunda rondas. El mundo estaba cama laaacaaa con el juego de los holandeses en general y de Cruyff en particular; los de naranja se convirtieron en firmes candidatos al título y todo parecía encaminado a una histórica desvirgada precisamente en casa de los odiados alemanes. Con sus victorias sobre Alemania Oriental, Argentina y Brasil los holandeses clasificaron a la final en la que esperaban ganarle fácil a los locales, que medio a los tumbos y solo mostrando autoridad en la última parte del torneo habían clasificado… A ver, y ¿cómo venían los alemanes?

Si, ¿por Die haus cómo andamos? Toten codiciosen

Del intríngulis (?) de la selección de fútbol de Alemania Federal en 1974 se cuenta muy poco. Los teutones, dirigidos por el respetado Helmut Schön, estaban enclaustrados en una concentración en Malente (suburbio de la ciudad de Münster) cerrada por todos lados y cuidada por guardias y perros armados (los guardias, no los perros, aclaro) y una altísima seguridad, por temor a otro suceso como el de los atletas israelíes en las Olimpiadas de Munich. Era un encierro en teoría, pues igual la mayoría se escapaba bajo la aprobación tácita de todos; por ejemplo el Káiser Franz Beckenbauer no perdonaba su salida diaria /nocturna al amparo de la oscuridad (?) para ir a lubricarle las coyunturas a la actriz Heidi Brühl (uoffffff). Otros frecuentaban sitios de, eh, esparcimiento en la cercana Hamburgo. Escapadas necesarias para todo hombre de bien (?) y que no afectaban la moral ni la disciplina del equipo.

Pero la verdad es que los jugadores alemanes estaban llenos también de problemas y con un puterío tremendo que estuvo a esto no más de dejarlos sin título mundial. ¿La causa? A ver si adivinan: el vil metal. La gloria, el orgullo, la patria, la supremacía aria (?) y el honor de regalarle el triunfo al pueblo alemán les valía Bergen a casi todos los integrantes de esa selección alemana de 1974. Porque lo primero que los preocupaba, lo que los desvelaba y no los hacía concentrar ni disputar amistosos con ganas, era la pregunta: “¿Y cuánto billete nos vamos a llevar si quedamos campeones?”. La inquietud parecía dilucidada días antes del inicio del torneo: la Federación alemana de Fútbol (DFB) acordó con los jugadores otorgarles un premio de 30,000 marcos en caso que lograran el título. Cifra que les pareció suficiente a los seleccionados alemanes… hasta que conocieron un dato que les envenenó la cabeza: la cifra era notoriamente inferior a los premios que iban a recibir otras selecciones participantes al mundial.

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Uli Hoeness, Beckenbauer y Gunter Netzer pen$ando en co$a$ diver$a$ en una práctica en Malente (Fuente)

Y ahí fue cuando comenzaron los rumores, murmullos y cónclaves apresurados a todas horas entre los jugadores de la selección alemana en su concentración para discutir el tema de premios. La situación llegó al clímax una noche, cinco días antes de su debut en elcampeonato mundial, en la que la plantilla decidió llamar por teléfono al mandamás de la DFB para exigir un aumento en el premio en caso de ser campeones del mundo. El líder de esta pandilla de mercenarios era nada menos que Franz Beckenbauer, ya en su tercer mundial, capitán indiscutido y líder absoluto del equipo. El Káiser llevaba la voz cantante en los reclamos a la DFB y fue el delegado por los jugadores en las negociaciones con el presidente de esta, Herman Neuberger. ¿Qué cómo que negociaciones? ¡Las hubo, marica! Por que la DFB insistía en sus 30,000 marcos pero los jugadores – con el Káiser como vocero – exigían 100,000 marcos por cabeza para jugar con ganas. Este merequetengue duró toda la noche hasta que agotó la paciencia del técnico Schön, que al ver la mezquindad de sus dirigidos los llamó codiciosos y amenazó ora (?) con cambiar a los 22 convocados por otros nuevos (!!!!) o incluso renunciar a su cargo. Afortunadamente para los alemanes, la DFB consintió en aumentar el premio a 70,000 marcos, que después de una cerrada votación (11 a favor – 11 en contra) fue decidida con el voto del Káiser que instó a sus compañeros a aceptar. El técnico decidió quedarse y la situación se salvó. Todos contentos.

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La cara de felicidad de estos muchachos irradia expresiones de “¡me gané 70,000 marcos!”

Bueno, casi. Porque los germanos tuvieron una mediocre primera fase con grises triunfos contra Chile y Australia más derrota humillante ante Alemania Oriental. Esta última hizo reaccionar al equipo, que se recuperó cuando más lo necesitaba sobre todo por el impulso y autoridad de Franz Beckenbauer. Total que cuando se enfrentaron en la final esa tarde de verano de 1974 alemanes y holandeses ambos estaban en alza y eran sin dudar los mejores equipos del torneo. Pero de los dos eran los holandeses los que concedieron unas ligerísimas ventajas: 1) un algo inexplicado exceso de confianza hacia los locales; 2) su capacidad de generar puterío estaba intacta. Un par de días antes de la final el diario alemán Croniquen Bild sacó una nota en la que afirmaba que cuatro jugadores holandeses sin identificar habían pasado una noche en la piscina de su concentración en Hiltrup acompañados por dos chicas locales desnudas. Sea verdad o no (el diario nunca publicó fotos del hecho), la nota pegó fuerte en la concentración por la reacción de las esposas de los jugadores, que no cuestionaban si las chicas eran locales o foráneas (?) sino el hecho de estar en cueros con sus esposos en una piscina. Como dicen por ejemplo acá la concentración holandesa se inundó de llamadas de las preocupadas/llorosas/iracundas esposas de los jugadores precisamente un dia antes de la final. Y en esta actividad destacó Danny, la jermu de Johan Cruyff, que lo mantuvo en vela toda una noche bombardeándolo a preguntas y cuestionamientos.¿Tuvo que ver todo este enredo en la preparación de los holandeses para la final? Ni idea, pero definitivamente no ayudó a un carajo…

Como todos sabemos el título fue para los locales, que juiciosamente dejaron las cagadas para después de la final: resulta que en la cena de honor de la DFB a los campeones en Münich no se le permitió la entrada a las esposas de los jugadores… pero sí estaban las de todos los directivos de la Federación. Los indignados jugadores, acompañados de sus esposas y novias, fueron a celebrar como debe ser en discotecas de la ciudad (el humillante episodio fue una de las causas por las que el histórico goleador Gerd Müller se retiró de la selección a sus 29 años; de hecho la final de 1974 fue su despedida como internacional). Años después declaró sobre este bochornoso episodio el legendario Sepp Maier: “los alemanes somos capaces de organizar una competición mundial y aplastar hasta al más fuerte rival con nuestra férrea disciplina. Pero no tenemos la más remota idea de cómo armar una fiesta”. Y sí. Para los holandeses les quedó el soso e inútil título de campeones morales, pero ni eso les sirvió para agarrar experiencia. Cruyff duró unos años más en la selección hasta que se apartó por su propia voluntad en 1977.

Voetbal Nederland tegen Londen (profs), Rinus Michels. *17 maart 1954

Un dato de color final: Cruyff (14) jugó con una camiseta con diseño diferente al de sus compañeros. ¿Si nota que en las mangas luce dos rayas mientras que la del 16 tiene tres? Esto fue porque el Flaco se rehusó a lucir camisetas Adidas por temas contractuales, pues él era de Puma. ¿No cree? Mire esta foto y cuente las rayas en las mangas de Cruyff…

Demasiado visitante I: Rapid Viena en Alemania (Nazi)

de visitante

¿Recuerda la idea de Peñarol y Nacional jugando en Argentina? ¿O de Rangers y Celtic peleando en la Premier League? Bueno, estas boludeces (?) tienen fundamento en casos reales en los que clubes, por diferentes motivos, han tenido que jugar de manera oficial en otro país. Nuestro primer caso: El Rapid de Viena en la Alemania Nazi.

Porque al autor de esta nota le encanta hablar de cualquier cosa menos de fútbol (?), primero hay que meterse en el contexto en el que se dio el peculiar caso del Rapid Viena. Resulta que allá por 1938, Adolf Hitler ya era el Fuhrer, indiscutido y autoritario líder de una Alemania que estaba lista para sus ideas expansionistas. Con la excusa de unir a los pueblos germanos desperdigados en otros países limítrofes dentro de la propia Alemania, como en regiones de Francia y la antigua Checoslovaquia, el primer país apuntado claramente fue Austria, el Uruguay alemán (?). El temita es que no era tan fácil, ya que en Österreich, término dedicado a los que juntaron figuritas mundialistas, había una dictadura de extrema derecha, fascista, pero no nazi. Cuatro años de camarillas, atentados e intentos de golpes casi llevan a un enfrentamiento entre Italia y Alemania, que Hitler intentó evitar a toda costa. Finalmente, acorralado, el gobierno austríaco resolvió dar un referéndum sobre el Anchluss el 9 de marzo de 1938. Tres días más tarde, Austria pasaría a ser una parte más de la Alemania Nazi.

La cosa es que cuando los alemanes te anexan, te anexan como la gente (?). ¿El Rapid Viena es de Viena? ¿Viena queda en Austria? ¿Austria ahora queda en Alemania? Listo, el Rapid Viena juega en Alemania. Bah, no necesariamente el Rapid Viena, sino el campeón de la Gauliga 17, sección austríaca que se sumó al formato de competencia nacional alemana, que dividía en campeonatos regionales, cuyos campeones avanzaban a la fase nacional. Los 17 vencedores gauligueros pasaban a jugar el Deutsche Meisterschaft, divididos en zonas y con un formato eliminatorio de Semifinales y Final.

Antes de seguir avanzando, es menester hacer una aclaración: Austria era una potencia futbolística en esa época, no la selección falopa que es hoy (?). Tras ser cuartos en el Mundial de Italia de 1934, la cúspide del combinado nacional fue en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, cuando ganaron la medalla de plata tras perder ante Italia, en la final más fascista de la historia. Incluso fue uno de los impulsores de la Copa Mitropa, certamen de clubes del centro de Europa, el torneo más groso antes de que viniera Heineken con la Champions League (?). Por motivos como éste, teniendo liga profesional y una selección fuerte, no es de extrañar que durante los seis años que duró el Anchluss, el representante austríaco siempre pasara de ronda. Admira Viena fue finalista en 1939 y Viena FC (se mataban con los nombres) hizo lo propio en 1942.

El Rapid Viena empezó a hacer ruido en 1938, al ganar la Von Tschammer Pokal, la copa local, al ganarle al FSV Frankfurt alemán por 3 a 1 en la final el 8 de enero de 1939. Como dato anecdótico, un humilde Bayern Munich se quedó arafue en 16avos de final.

"Vos levantá el brazo que de esto no se acuerda nadie, papah" (?)

“Vos levantá el brazo que de esto no se acuerda nadie, papah” (?)

Tras ser semifinalista del campeonato nacional en 1939, repitió su participación en 1940, para hacer historia dentro del fútbol mundial. Clasificado con 28 puntos, ganó la Gauliga XVII de Ostmark con cuatro puntos de diferencia sobre el Wacker Viena, lo que da la pauta del poderío del Rapid y de que parece que al fútbol en Austria solo se puede jugar en Viena (?). Ya en la Fase Nacional, ganaría el Grupo 4, con una victoria y una derrota ante 1860 Munich, un triunfo y un empate ante los Stuttgarter Kickers y dos goleadas, una de ellas 7 a 0, ante el VfL Neckarau de Peter Troglier (?). A un partido, el Rapid venció 2 a 1 a Dresdner SC y llegaría a la final, nada menos que ante el Schalke 04, equipo favorito del mismísimo Adolf Hitler.

El 22 de junio de 1941, el técnico Leopold Nitsch pusó en cancha a: Rudolf Raftl; Stefan Wagner, Heribert SperneR; Franz Wagner, Leopold Gernhardt, Stefan Skoumal; Willy Fitz, Georg Schors, Franz Binder, Hermann Dvoracek y Hans Pesser. Todos austríacos… y dormidos, porque a los ocho minutos ya estaban 2-0 abajo por los goles Heinz Hinz y Hermann Eppenhoff. Ya en la segunda etapa, Hinz volvió a marcar para redondear una goleada a pedido del Fuhrer. El tercer sopapo del Schalke despertó a un Rapid Viena imparable en el complemento: Schors descontó faltando media hora, pero Franz Binder necesitaría solo nueve minutos para clavar tres pepas y dar vuelta un resultado que no se modificaría. Rapid Viena campeón de Alemania y anda a decirle a Binder si es un oximorón (?). Ese mismo día, Hitler desató la Operación Barbarroja y empezó su invasión a la Unión Soviética. Calientes por un resultado hemos hecho cosas peores (?), aunque hay que admitir que la invasión empezó a la madrugada de ese día, por lo que habrá sido a causa de los nervios por la final (?).

Cortesia del archivo personal de Alejandro Biondini (?)

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, Austria volvería a ser una nación soberana a partir de 1950, con nueva constitución y facho-free gracias a los Estados Unidos, aficionados en esto de intervenir países. Rapid Viena volvió a competir en su país y ganaría 18 ligas más, 32 en total con las 14 que tenía antes de la anexión alemana. En Alemania se juraron no tener otro campeón extranjero y resolvieron darle todas las Bundesligas al Bayern Munch (?). Pero como los alemanes nunca olvidan, el Rapid Viena puede darse el gusto de decir que su nombre figura en el platón que levanta el campeón año a año en Alemania.

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El caso de Rapid Viena es el mejor documentado por el hecho de haber sido campeón, pero también hubo muchísimos equipos franceses, checos, eslovacos, luxemburgos, polacos y ucranianos que han jugado durante la Alemania Nazi y seguro reseñaremos cuando nos quedemos sin equipos. Como hemos visto hoy, la guerra es una gran excusa para que ocurran estas excepciones a las reglas más básicas del fútbol. A lo largo de este camino, conoceremos algunos de estos clubes que les ha tocado jugar fuera de su tierra.