Escándalos y marrullas (?) históricos – el otro Maracanazo: Chile vs Brasil en 1989

Había una vez una selección chilena de fútbol que tenía huevos y que le metió a Brasil uno de los mayores cagazos de su historia. No, no estamos consumiendo nada raro: estamos hablando de la histórica selección chilena capitaneada por “El Cóndor” Rojas que se dio a conocer al mundo en la Copa América de 1987 en Argentina, y que terminó en medio de un absurdo e inmerecido mar de mentiras y vergüenza una noche de septiembre de 1989. Con este partido comenzaremos una serie de entre dos a ciento cincuenta y ocho posts referentes a partidos, sucesos, hechos que fueron escandalosos o implicaron el uso de alguna artimaña (?); y ojo que no vamos a hablar de puterío barato de revista de peluquería, sino de escándalos relacionados al FÚTBOL, carajo, que de eso hablamos aquí. Perdón si me exalté (?).

De cómo un equipo chileno puso parir clavos a una selección brasileña

Comencemos. Para la Copa América de 1987 en Argentina, la selección chilena llegaba sin mucho ruido, calladita y dispuesta a pegar un golpe a traición (no pun intended). Los telúricos venían de varias decepciones seguidas luego de… eh, toda una vida de tener fracasos (?), a saber: un pobre desempeño en el Mundial del 82; la eliminación con pecheada incluida en primera ronda de la Copa América de 1983 (con una victoria por cualquier marcador en la última fecha visitando a la ya eliminada Venezuela, pasaban a semis encima de los uruguayos… pero empataron a cero…); la no clasificación al Mundial del 86 (los eliminó Paraguay en un re-pechaje (?)). Por lo tanto la expectativa general de la prensa especializajajajajajada no los tenía ni por ahí como favoritos, y más aún sabiendo que el sorteo los emparejó con esa puta artera, implacable y poderosa que es Brasil.

Pero tenían sus armas, los chilenos: bajo el mando sereno y discreto de Orlando Aravena tenían un equipo bien armadito y con algunas figuras que tienen todas las credenciales para estar en el Olimpo del fútbol traiciandino (?). Comenzando por los dos de abajo: el arquero Roberto “El Cóndor” Rojas y el defensor central Fernando Astengo. Que no te engañe la cara de jugador de Buenas Peras de “El Cóndor”: era un arquerazo desde la A hasta la O, con muchísimos reflejos, buena ubicación, huevos del tamaño de la cordillera y un don de mando que poquito se ha visto en el arco de un equipo chileno. Astengo, un defensor con mucho criterio y velocidad a la hora de marcar, era uno de los dos únicos “legionarios” de esa nómina (el otro era “El Coke” Contreras que jugaba en Las Palmas).

RojasAstengo

Roberto “El Cóndor” Rojas (no, no le decían así por la cara sino por lo que volaba en el arco) y Fernando Astengo

Pero ese equipo no solo era defensa. Adelante tenía a dos tipos más peligrosos que dejar tu facebook abierto en el laptop de tu novia: Ivo Basay (del Everton de Viña del Mal) y Juan Carlos Letelier (Cobreloa), dos tipos rapidísimos y hábiles que te crucificaban si le dabas dos centímetros de espacio, ideales para jugar al sistema de contragolpe que manejaba el DT chileno. Con el diario del lunes uno se da cuenta del error de subestimar a ese equipo, pero la verdad el historial de pecheadas y el poderío del Scratch  no daba para pensar en una hazaña. Pero sí: Chile le pegó un baile inolvidable a Brasil un 3 de Julio en Córdoba, empacándole un terrible mazazo en forma de 4-0 que no se esperaba ni Don Chuma (?), y que terminó clasificando a los chilenos a las semifinales del torneo (terminaría perdiendo la final con Uruguay).

BasayLetelier

Ivo Basay (izq) y Juan Carlos Letelier, se comprendían tan bien que hasta salían igual en la foto (PLOP!) (?). NOTA: Seee, a Basay le fue horrible en Boca… pero ese Uaaacaa noventoso pre-Bianchi quemaba a cualquiera…

 

Tremenda – e inesperada – actuación que no solo le dio un aire de confianza terrible al fútbol chileno para lo que se avecinaba, sino que generó la consabida crisis en el Scratch (mira cómo los hinchas y medios brazucas se convierten en unas quinceañeras despechadas e histéricas cuando les va mal). Pero nada comparado con la manera en que se le llenó el culo de preguntas a los brasileños al ver cómo para las eliminatorias al Mundial de 1990, el sorteo los cuadró en el mismo grupo de la Copa del 87: con Chile y Venezuela. Recordemos que en esos lejanos tiempos, las eliminatorias en Sudamérica no se definían en una eterna campaña de 3 años que te daba chance de recuperarte de una mala racha: eran grupos con dos o tres rivales y partidos de ida y vuelta jugados todos en mes y medio. TERRIBLE sistema, que te mandaba a la mierda si tenías una mala tarde.

Pero en medio se disputó en Brasil la Copa América de 1989, menos de mes y medio antes (!!!) del inicio de las eliminatorias a Italia 90. Todo funcionó de perillas (?) para los locales que se coronaron campeones continentales después de 40 años, derrotando con autoridad en la fase final a la Argentina del Diego y Caniggia, la Uruguay de Enzo y Rubén Paz y la Paraguay de Adolfino Cañete y “El Coco” Mendoza. ¿Chile? Decepcionó al quedarse en primera ronda tras perder contra Argentina y Uruguay (luego venció por el honor a Ecuador y Bolivia). Parecía que Chile volvía a ser el segundón de siempre y no iba a asustar a los brasileños, pero el cagazo general entre el grueso de la afición existía – en parte por desconfianza propia por el planteamiento supuestamente defensivo de Sebastião Lazaroni, en parte por temor a los chilenos, y, sobre todo, por puro agüero -, y no se iba a quitar hasta pasar estas duras eliminatorias.

Brasil 1989

La selección brasileña en 1989. Arriba: Mazinho, Taffarel, Mauro Galvao, Ricardo Gomes, Aldair, “Bidão” (?) Branco. Abajo: Bebeto, Romario, Silas, Dunga, Valdo. Viéndolo a estas alturas sí podemos decir que era un equipazo…

La clasificación al Mundial 90 para chilenos, venecos y brazzzileños comenzó un 30 de Julio de 1989 en Caracas, con la victoria de Brasil por 4-0 ante los locales (dos goles de Bebeto, uno de Branco y otro de Romario). Rápidamente se vio que, como se preveía, el cupo iba a ser para el que lograra meterle más goles a los horribles venezolanos. Por lo que el 3-1 de visita de los chilenos en Caracas una semana después fue visto por los sísmicos como un mal resultado, porque los colocaba atrás de la verdeamarelha en el gol diferencia. Lo que volvió crucial el primer cara a cara en partidos oficiales de chilenos vs brasileños después de esa noche de Córdoba: los chilenos debían ganar para no estar pariendo por goles ajenos, mientras que los brasileños sabían que con un empate se aseguraban tener todo a favor para definir todo en casa en el último partido.

El primer Chile – Brasil de esa eliminatoria fue un 13 de Agosto en un Estadio Nacional de Santiago lleno hasta las tetas. La expectativa por la trascendencia del partido, la magnitud del rival, la fe en su propio equipo y algunos cruces de declaraciones previos al encuentro se juntaron para formar una atmósfera bastante áspera, con miles de chilenos exultantes copando el estadio y ofreciendo a los brasileños un cálido recibimiento al pisar la grama del Torturódromo. Para sumarle más grados centígrados al ambiente el juez del partido, el colombiano Jesús Díaz, esa tarde se dejó llevar y exageró su papel de árbitro: demoró el inicio del juego moviendo a los fotógrafos, evacuando gente de la pista atlética, moviéndose ampulosamente (?) por aquí, dictando instrucciones por allá, coordinando con sus jueces de línea acullá. Total que cuando se dio el pitido inicial todo el estadio estaba hecho un infierno denso y enrarecido a punto de explotar. No llevaba dos minutos de iniciado el partido cuando el chileno Raúl Ormeño quiso poner paños fríos a la situación con esta jugada…

¡Uoff, y solo le pusieron amarilla al hijo de puta!

… un terrrrrible patadón a la rodilla que solo le costó una amarilla (!!!) y que terminó sacando al pobre Branco del partido (y de paso a Romario por desquitarse con el primero de camiseta roja que vio en frente). El resto del encuentro estuvo a tono con esa jugada, con los jugadores de ambos lados todos azarados por lo que estaba en juego y la acidez del respetable (?), que se gastó la garganta puteando a los de amarillo. Todo magnificado por un árbitro al que el partido se le desbordó totalmente desde el minuto cero (fue llamativa la actuación de Díaz esa tarde conociendo su buen desempeño en el fútbol colombiano) y al que le sacaron la ficha facilito los veintidós en la cancha. Los locales se fueron en busca del gol todo el partido ante un Brasil que se plantó al contragolpe, pero un autogol rocambolesco (los goles los pueden ver aquí) los puso patas arriba; al final los de rojo lograron empatar angustiosamente en tiempo de descuento, después de un asedio por tierra, mar y aire los 90 minutos, por medio del verdugo Ivo Basay gracias a una jugada extrañísima (un indirecto dentro del área que los chilenos cobraron sin esperar la barrera). 1-1 y todo aún abierto.

Con este resultado la definición del grupo se reafirmó en una competencia a ver quién le hacía más goles a Venezuela de local: primero fue Brasil con un 6-0 en Sao Paulo (cuatro de Careca, uno de Silas y autogol) que dejó la sensación de insuficiente. Pero vino el tradicional ayudín a Brasil de la Conmebol, en forma de sanción a La Roja por supuestos incidentes en el partido anterior: a los de Aravena les tocó entonces jugar su siguiente partido fuera de Chile. Igual lo hicieron de locales en Mendoza (?) y les fue regular: porque aunque fueron un tsunami desde 00:01 min, los nervios, la presión o el hecho de ser chilenos (?) les jugó en contra y se dedicaron a comerse goles una tras de otro. Total que le ganaron a Venezuela por un insuficiente 5-0, que obligaba a los chilenos a ganar en la última fecha si o sí en Brasil si querían clasificar al Mundial. Jodido.

El Maracanazo que no dejó a los brasileños con el culo roto

Y se dejó venir el 3 de Septiembre de 1989. A la salida de los equipos en esa tarde-noche de Rio de Janeiro había más de 130 mil almas (exactamente 131,156 según la recaudación oficial) enardecidas copando hasta el último rincón ocupable del Maracaná. Que debido a todo el mierdero que antecedió a este encuentro, los 130 mil sin excepción deseaban que la clasificación de la verdeamarelha se tiñera de los jirones dispersos y hechos mierda de la selección chilena aplastada en el camino de la victoria. Fue así que al momento del himno chileno, el público tronó con una malignamente feroz silbatina de un calibre normalmente reservado para argentinos y/o uruguayos: el espectáculo de ver a los once solitarios chilenos cantando con determinación y firmeza su himno, inundados con la tormenta de silbidos y cantos de 130 mil rencorosos brasileños deseando verlos aplastados, conmueve hasta a un peruano.

Brasil saltó a la cancha con Taffarel; Jorginho, Aldair, Mauro Galvao, Ricardo Gomes, Branco; Dunga, Silas, Valdo, Careca y Bebeto. Chile inició con Roberto Rojas, Patricio Reyes, Hugo González, Fernando Astengo, Alejandro Hisis, Héctor Puebla, Jaime Pizarro, Jaime Vera, Jorge Aravena, Juan Carlos Letelier, Patricio Yáñez. Un equipazo, el chileno, porque aparte de los ya reseñados mandaban al prócer del “Pato” Yáñez y a Jorge “El Mortero” Aravena (Deportivo Cali), un volante que como armador era muy normal, pero para pegarle al balón era una bestia infernal, que le ponías un bus lleno de pasajeros enfrente y te lo mandaba al ángulo.

Chile89

Los chilenos cantando su himno acompañados del coro de puteadas de La torcida

Y desde que comenzó el partido todo fue una avalancha brasileña ante unos chilenos que se echaron más para atrás que Caruso en la pelea con Fabián García (?). O sea: los planteamientos contrarios a los que se esperaban de acuerdo con lo que le convenía a cada uno. Porque a Brasil solo le bastaba dejar que corrieran los 90 minutos para sacar pasajes para Italia, y a los chilenos el 0-0 les servía lo mismo que perder 21-0. Pero así transcurrió el primer tiempo, en medio del rugido áspero y nervioso del público carioca y las atajadas – inmensas – del Cóndor Rojas, que se aguantó todo el temporal casi que solo. El primer tiempo terminó sin goles pero con la sensación que el primero de Brasil estaba por caer.

Y así fue: a los 4 minutos del segundo tiempo, Careca pudo por fin vulnerar al gran “Cóndor”. Y ahí se le puso el mundo patas arriba a los chilenos, que ya necesitaban hacerle dos goles al local para pasar al mundial. La verdad que es incomprensible la estrategia de los trasandinos ese día: tal vez esperaban desesperar a los brasileños y matarlos con un contragolpe (¿pero para qué si los locales no necesitaban atacar?). El caso es que el 0-1 mandó todo a la mierda y obligó a los de rojo a ejercer la incómoda tarea de despegar el culo de su arquero y pasar la raya blanca de la mitad de la cancha. A pesar que los intentos chilenos no remecían mucho a la defensa local, el público era un manojo de nervios que se liberaba en forma de puteadas a los visitantes. Los veintidós adentro de la cancha jugaban al límite, el público con la garganta engarrotada puteaba a todo lo que tuviera algo de rojo; el desespero cundía entre unos chilenos a los que les costaba tremendamente quitarse ese chip ultradefensivo con el que salieron a la cancha. El ambiente era tremebundo, pesado, casi épico.

Y de repente, en medio de un saque largo de Taffarel, se acabó el mundo. Pasó esto…

las cámaras muestran a Roberto Rojas en el piso, tomándose la cabeza mientras a su lado se extinguía el humo y luz de una bengala. ¡Mierda, le tiraron una bengala a Rojas! Y en medio de la confusión y el shock y la sorpresa y los reclamos airados de los compañeros del arquero al árbitro Juan Carlos Loustau, se dibujó una pregunta que comenzó a flotar ominosamente en el aire: ¿qué pasaba si el árbitro suspendiese el partido por falta de garantías? Porque era muy posible que eso pasara: ¡una bengala arrojada a un arquero en un partido internacional válido por Copa del Mundo!. Y ojo, que si eso ocurría, la posibilidad de otorgarle los dos puntos a Chile estaba ahi no más, a la vuelta de la esquina. En teoría, ojo, porque en el fondo sabemos que a Brasil no lo sancionan así sea que entren a la cancha Ricardo Teixeira y Pelé montados en caballo a lancear a los rivales como si estuvieran en un torneo medieval. Pero la posibilidad estaba ahí, latente, y se materializó aún más después que los chilenos se retiraran con su arquero sangrante en camilla y el árbitro decretara terminado el partido. Con el gesto de “no más” de Loustau, ahí sí, se le subieron las huevas y las gónadas a la garganta de los brasileños, que comenzaron como loco un raid para encontrar al culpable de la agresión.

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Resultó siendo LA culpable: una muchacha llamada Rosenery Nello fue identificada por la policía como la autora del bengalazo que supuestamente impactó en Rojas. Viéndola declarar defendiéndose cual pajarillo asustado (?) ante la marea de periodistas acosándola con más saña que la KGB interrogando a un traidor, se hacía evidente que la chica lo había hecho con la inocencia del neo hincha ignorante que quiere ser popular (?), y que no pretendía ni por ahí agredir al arquero chileno. Pero eso no le importó a los medios ni a la afición del país afecto a invadir territorios vecinos, que masivamente clamaron justicia/venganza (algunos aficionados hasta apedrearon el consulado brasileño en Santiago) y exigieron que los dos puntos fueran para La Roja. Particularmente gloriosa fue la actuación del “Pato” Yañez en todo el suceso: durante el bengalazo inmortalizó airado La Gran Pato Yáñezy al regreso en Santiago declaró que “¡si a nossotro´ noján sanczionado el ejtadio por tirar tre´ naranja´, qué le´ queda a ello!´”. 

Pero la triste verdad se supo a los días, después de una brutal presión de la Confederación Brasileña y los medios afines. La publicación de varias fotos (entre ellas una de un antiguo semanario hoy devenido en publicación mensual futbolístico-farandulera) del momento exacto de la caída de la bengala al lado de Rojas, hizo que la versión de los chilenos se volviera más sospechosa que navegador de internet con el historial vacío (?). Después de ires y venires, fuertes presiones de la prensa brasileña y chilena y entrevistas a los reporteros y fotógrafos que estaban esa noche en la cancha, finalmente se supo la fea verdad: todo fue una burda farsa. Rojas salió a jugar el encuentro con una cuchilla oculta en el guante, dispuesta a utilizarla en caso que estuvieran perdiendo. Según declaró años después, estaba esperando acercarse a la tribuna en cualquier momento para disimular un piedrazo (!!!), pero cuando vio la bengala brillando a su lado se aprovechó de la coyuntura y se hizo el lesionado. El corte se lo autoinflingió en el momento de estar en el piso (vean en el video como se ve clarito cuando se corta la ceja con el dorso del guante). Una vergüenza, innecesaria y con menos dignidad que jugador de equipo tradicional de primera celebrando por pasar por penales ante equipo de Federal B (?). Sobre todo, penosa, porque uno no puede evitar pensar que con el cagazo brasileño y con algunos cracks que tenían los chilenos, hubieran podido hasta ganar el partido si hubiesen salido a jugarlo de verdad.

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Bue… sí se hizo justicia, pero no como querían los chilenos…

El episodio vergonzoso acabó con la carrera de varios jugadores de primer nivel mundial (Rojas fue baneado de por vida por la FIFA, Astengo y el DT Aravena por cinco años) y ocasionó que Chile fuera suspendido del mundial del 94. El mayor peso del oprobio fue, obviamente, para “El Cóndor” Rojas, que truncó una carrera gloriosa (estaba en la mira de varios equipos europeos) y que cargará toda su vida con el lastre de este triste suceso; de ser ídolo máximo de su país se convirtió en un paria para sus compatriotas. Hoy en día el país que le ha dado la mano es, curiosamente, Brasil: ha trabajado desde hace muchos años como entrenador de porteros de Sao Paulo. A la única que el incidente le fomentó su carrera fue a Rosenery Nello, que después del mierdero que ocasionó sin quererlo, comenzó a ser conocida como “A Fogueteira” y se ganó su buen billete posando para la edición de Playboy Brasil. ¿Las fotos? Compartiremos algunas de sus imágenes (aquí y acá) solamente para efectos de documentar esta investigación (??). Igual a la pobre chica la plata no le duró: la hizo humo (valga la redundancia) en viajes y farras, y murió en la pobreza digna de la clase media (?) en 2011…

(Acá el link del partido completo, si se lo quieren ver)

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