El desorden permanente

El calcio italiano se debate todos los veranos entre la ilusión de un nuevo torneo… y las deudas impagas de la temporada anterior.

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Escándalos y marrullas – Los puteríos de Portugal en México 86, aka “El Caso Saltillo”

Tanto que se habla en México 86 de “La Mano de Dios”, del gol de Maradona que sí debía ser válido ante los ingleses, del Brasil – Francia, del 5-1 de España a Dinamarca… y poco de un vergonzoso episodio de desmanejo y mezquindad que involucró a la selección de Portugal. Se conoció para la posteridad como “Caso Saltillo“, y aquí se lo contamos en detalle.

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Historias de eliminatorias – China – Hong Kong de 1985, o “El Incidente del 19 de Mayo”

Mañana se cumple el aniversario 30 + 1 de un partido que conmocionó a China en general y a Beijing en particular. Y ojo que lo de “conmocionó” es literal, porque el verguero que se formó post-partido solo fue sofocado con muchísimo esfuerzo por los organismos de seguridad de la República Popular China. Hablo del encuentro entre China y Hong Kong del 19 de mayo de 1985, aka “El incidente del 19 de mayo“.

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El Diamante Negro, el técnico burro y el puterío brazuca: las historias de Brasil en el Mundial de 1938

No siempre la selección de fútbol de Brasil en Mundiales fue la poderosa que se coge a todos y/o a la que los árbitros le dan una manito si las cosas se le complican. Solo a partir de la tercera Copa del Mundo, en Francia 1938, los brasileños fueron el equipazo que peleó por el título con los grandes de Europa. Podemos afirmar con la seguridad que nos dan los datos que nadie puede comprobar (?), que si no quedaron campeones ese año fue en parte por inexperiencia, y en parte por una serie de pequeñas cagadas, que conforman todas juntas una – en mi opinión – curiosa historia que contaremos por acá.

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La accidentada Copa América de 1953 en Lima / Escándalos y marrullas históricos – Vol IV

Sepultado entre las cientos de historias de tánganas, escándalos y marrullas famosas que se han dado en el fútbol mundial, hay muchas otras que no han sido muy divulgadas fuera del ámbito local de aquellos países abandonados por la buenaventura (?). Como por ejemplo la Copa América de 1953, torneo que representó la desvirgada histórica de Paraguay y cuyo desarrollo incluyó tánganas, agresiones a árbitros, partidos perdidos por escritoriazos y alguna pecheada de los participantes. Hoy hablaremos de ella en un capítulo más de nuestra serie de Escándalos y Marrullas, en este post en el que nos hicimos el firme propósito de no caer en mencionar la trillada frasecita de “Copas América eran las de antes“.

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Ah, bueee, la chupada de pija a los locales no es patrimonio de bolivianos ni es tan antigua… mira a ¡Brasil! lustrándosela al público peruano en el debut en la Copa América de 1953 (Fuente). Djalma Santos es el de la segunda V, Zizinho el de la P.

Copas América eran las de antes (?): el campeonato de 1953 en Lima

Para 1953 los cuatro flacos de traje de Zürich estaban dando las primeras puntadas para la apenas quinta edición de la Copa del Mundo de Fútbol. Pero ya por estos lares la gente estaba dándole vueltas a la vigésimo segunda edición de la Copa América – en esa época Campeonato Sudamericano de Naciones – que se iba a disputar en Lima (Perú) entre el 22 de febrero y el 1 de abril de ese año. Al certamen confirmaron su participación todas las selecciones del subcontinente (?) menos Colombia – supongo por temas organizativos/federativos/de billete -, Venezuela – no reunían aún once tipos que supieran jugar al fútbol – y la ausencia más rutilante, Argentina, la cual supongo que desistió de ir por el temita aquel de la emigración masiva de sus jugadores para participar de manera ilegal en la liga de cierto país sudamericano… eh… pero no perdamos el hilo del post. El torneo originalmente iba a ser realizado en Asunción, pero por las deficiencias logísticas de la capital paraguaya los dirigentes guaraníes – me imagino a un ya maduro Nicolás Leoz presidiendo marcialmente las reuniones – declinaron ser sede y cedieron el honor a la en ese entonces pueblerina Lima.

Con la ausencia de los argentinos los favoritos al título pasaban a ser, por puro default, los campeones sudamericano y mundial vigentes: Brasil y Uruguay. Los brasileños estaban en pleno proceso de reconstrucción y con una resaca más grande que la de Colombia después del Mundial de 1994 (?). Para su primer torneo importante después de la estrellada de 1950 asistieron con una mezcla de veteranos de esa famosa tarde de Rio (como el goleador Ademir, el mítico Zizinho, Danilo y hasta el señalado portero Barbosa) y recientes convocados, entre ellos algunos futuros campeones mundiales en 1958 y 1962 (Didí, Djalma Santos, Gilmar y Nilton Santos). Pero en general estaban en plena transición y con más interrogantes que los del 4-3 de Argentinos e Independiente en 2010; tanto que aún no se decidían a usar del todo su tradicional uniforme blanco – señalado como mufa después del Maracanazo – y jugaron todo de azul durante la mayoría de sus partidos: un año después adoptarían definitivamente la verdeamarelha. Los uruguayos venían debilitados por la ausencia en su convocatoria de los jugadores de Peñarol, base del seleccionado y del que hubieran llegado leyendas como Obdulio, Roque Máspoli, Juan Schiaffino Oscar “Cotorra” Míguez. Pero de todas maneras eran las máximas potencias del continente detrás de Argentina y tenían el favoritismo de la frondia prensa de esos años.

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Brasil en su partido ante Ecuador en la copa de 1953. El portero es Barbosa, el mismo del Maracanazo, en el primer partido que jugó con Brasil después de ese, que a su vez sería su último con la selección. Los brasileños jugaron todos de azul (Fuente)

Muy detrás de la opinión de la prensa, pero en el tope de las consideraciones de la pintoresca afición local estaba la selección peruana. Para la hinchada inca, desde esos tiempos igual de ilusionada fácil cual quinceañera fea que lo que es hoy, el equipo de la franja era el favorito a quedarse con el título por la presencia de jugadores como Alberto “Toto” Terry, Vides Mosquera, “Huaqui” Sánchez y “Tito” Drago. ¿Cómo así que ustedes no los conocen? Menos mal, pensaba que era solo yo (?). Pero en esos lejanos tiempos para la ingenua afición limeña contar con estos jugadores – figurones de Universitario, Alianza y otros grandes del país – era como tener a Paolo Guerrero Claudio Pizarro, pero la realidad era que estaban más cerca de comparaciones con Darío Muchotrigo y Luis Guadalupe.

Y ahí, calladitos, alejados de las luces y de los relámpagos de magnesio (?) de la prensa, estaba Paraguay, que venía de ser dos veces consecutivas subcampeones sudamericanos con muchos méritos: en 1947 detrás de Argentina y en 1949 de Brasil. Particularmente esta ultima edición fue dolorosa por la sensación de gesta inconclusa que se tuvo coronada por el bajonazo final: los paraguayos forzaron un playoff por el título contra Brasil al ganarles a ellos en la propia Rio de Janeiro en la última fecha del torneo, y así empatarlos en puntos (los locales con el empate eran campeones: comenzaron ganando el partido pero los visitantes le dieron vuelta en Rio… suena parecido a algo que pasó un año después…). Pero en el desempate los brasileños pusieron cara-de-hombre y aplastaron a los guaraníes por 7-0. Total que para 1953 los de la albirroja no eran ningunos aparecidos, y aunque no contaban con jugadores de talla mundial, conocían bastante del asunto como para amargarle el rato a cualquiera.

Pero la principal arma de los paraguayos la tenían en la banca con la mítica conducción de una leyenda del fútbol sudamericano de todos los tiempos: Manuel Fleitas Solich, protagonista con su selección desde exactamente el minuto cero de su participación en Copas América (hizo parte como jugador del debut de la albirroja en 1921) y con muchos años como su director técnico (comenzó a dirigir en la copa de 1922 y terminó en 1953 para un total de trece campeonatos y 57 partidos). Don Manuel sabía que los suyos eran buenos y tenían garra y voluntá pero no mejores técnicamente que los brasileños o uruguayos, por lo que desde tres meses antes del inicio del torneo se concentró con veintidós convocados en el estadio de Puerto Sajonia – el mismo que hoy conocemos como Defensores del Chaco – a matarlos a gimnasia y fútbol y correr y sacarse la bilis mañana y tarde, en medio de un calor de mierda que los obligaba a dormir en las noches en la cancha al aire libre (!). Todo un adelantado, Fleitas Solich, no solo en el sentido de sacarles la mierda a los jugadores (?) sino de darle la importancia debida al entrenamiento físico.

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Esta figura es don Manuel Fleitas Solich

Con estos participantes, más las habituales comparsas Ecuador, Bolivia y Chile (un genio el Tata Martino por eliminar de un plumazo cien años de historia de chistes sobre vírgenes) comenzó el torneo el 22 de Febrero en un renovado Estadio Nacional. Ese año el país sede estaba inmerso en plena dictadura del siniestro general Manuel Odría, que como suele suceder en casos así gastó su buen billete para que la gente se drogara con el fútbol y no pensara en la represión reinante, los presos políticos, la corrupción y otras nimiedades parecidas (?). En parte por esto la prensa escrita y radial se encargó de machacar sistemáticamente a la chusma (?) con diez millones de noticias del antes y durante el torneo, de tal modo que para el partido inaugural entre Perú y Bolivia la hinchada asistió masivamente al estadio y lo llenó hasta que no le cabía un grano de arroz parado. Pero el debut terminó en una sonora decepción para los futuros padres de los asistentes a “Laura en América” que vieron a los suyos perder 1-0 con la horrible selección del Altiplano. Tres días después debutaron tanto los paraguayos con victoria 3-0 ante Chile en el mismo estadio Nacional (que de hecho fue la sede de todos los partidos del torneo), como los uruguayos ganándole 2-0 a Bolivia. Brasil lo hizo recién el 1ro de Marzo ante la pobre Bolivia clavándole un vergazo en forma de 8-1.

Hablemos de la “Copa Tángana” 1953

El torneo transcurrió sin inconvenientes ni líderes categóricos, pues el que ganaba hoy en el siguiente partido cedía puntos y todos estaban arrejuntados en el mismo lote. Hasta que llegó el 8 de marzo y con él el partido entre Perú y Paraguay. Los locales después de la pifiada contra Bolivia le ganaron con muchísima hambre a Ecuador por 1-0 y empataron sin gloria ni goles ante Chile; los guaraníes después de su convincente victoria en el debut se habían desinflado inesperadamente con un 0-0 ante Ecuador. Así que ambos equipos venían con ganas de revertir la situación, pero sin duda los locales eran los que estaban más presionados por los resultados previos ante equipos tan cagados y por la necesidad de sumar precisamente ante los rivales más fuertes en los compromisos que le quedaban (Paraguay. Brasil y Uruguay). El público acompañó en masa a su selección a pesar de tanta decepción seguida…. pasa que uno en el fútbol y en el amor es así de masoquista, ¿vio?

Comenzó el partido y los locales se fueron encima buscando la ventaja, pero los guaraníes aguantaban bien imponiendo su físico sobre los ágiles pero blanditos peruanos. Antes de los 15 minutos el defensor guaraní Maciel sacudió feo al delantero peruano Alberto “Gringo” Terry, o como dicen literalmente las crónicas peruanas “el grandazo Maciel había samaqueado a Terry” (!!!), y ya el juego se empezó a poner más pesado y cortado. Aquí es cuando las versiones difieren depende de quién las cuenta: según las los paraguayos…el cuadro paraguayo fue miserablemente bombeado por el árbitro inglés que dirigió el partido, el tristemente célebre Robert Maddison“. Pero los peruanos no mencionan esto, sino que se centran en jugadas como “el fortachón Gavilán sorprendió al polluelo (!!) Terry y le aplicó un soberano cabezazo en la nuca”. Lo que interpretamos de ambas versiones es que los dos equipos se dedicaron a darse pata con saña y rigor y al vigilante de turno se le salió el partido de las manos; y fue así como se repitieron cada vez con más frecuencia las faltas no cobradas, los fuera de lugar mal aplicados y el exceso de rigor para alguno de los dos lados. Así iban las cosas cuando a los 22 minutos el peruano Terry puso el 1-0 y el público vibró de felicidá.

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El primer gol de los peruanos esa noche de Lima. Sufren los paraguayos y su portero extrañamente vestido con piyama

El partido continuó en medio de discusiones y la piernita levantada más de la cuenta, como contó muchos años después el jugador paraguayo.Robustiano Maciel “Nuestro equipo no podía jugar, [el árbitro] nos cobraba de todo: faltas inexistentes, posiciones adelantadas inventadas, amenazas que no entendíamos pero que por sus gestos suponíamos que nos iba a expulsar (…) terminaron por ponernos nerviosos e impotentes”. Quién sabe cómo sería exactamente el cuento, lo cierto es que promediando el primer tiempo se lesiona el portero visitante Riquelme en un fuerte choque contra el peruano Navarrete, por lo que es sustituído por el suplente Rubén Noceda. Momento, ¿cómo que reemplazado? ¿En esos tiempos se permitían sustituciones? No sé si ustedes sabían, pero mira lo que me desayuné desde hace poco: en la Copa América se permitían sustituciones desde la edición de 1935. No sabemos 100% cómo funcionaba el mecanismo (curiosamente es poco mencionado esto en los libros de historia), pero gracias al aporte de un historiador amigo muy cercano e íntimo (?) de nuestro gran posteador Gancedo se permitían los cambios de manera consensuada entre los capitanes de los equipos en liza (?), y después de algún modo se institucionalizó de manera formal en el reglamento de la competición. Para este torneo en particular eran tres las sustituciones máximas permitidas por equipo y por partido.

Con un ambiente en tensión creciente por las decisiones (o falta de) arbitrales, el guaraní Fernández empató antes de terminar el primer tiempo aprovechando que entre los defensores peruanos le hicieron el pasillo de honor a un balón cruzado en su propia área. Con la misma atmósfera cargada comenzó el segundo tiempo, y los ataques y contraataques iban y venían de ambos lados. Faltando 15 minutos el peruano Villamares pone el 2-1 que desató el choli-delirio (?) y ponía a los guaraníes contra la pared. Hasta que… faltando 10 minutos sobrevino el APOCALICSIS: los paraguayos se fueron arriba con todo buscando el empate, y en una de esas el delantero Rubén Fernández se inventó una jugada digna de Lio cuando juega con una camiseta sin rayas celestes y blancas; se sacó tres jugadores y al arquero peruano, y cuando iba a rematar en el arco vacío para el empate… suena el silbato del juez Maddison (inglés como todos los árbitros del torneo) cobrando no se sabe qué (parece que falta en ataque) e invalidando la jugada. ¡Y ahí se desató el mierdero! Todos los paraguayos se le fueron encima al juez Maddison, que todo aturullado trataba de protegerse de esos sudamericanos furibundos que le reclamaban/puteaban en español y guaraní, y qué iba a hacer el sapo de negro sino encerrarse en su decisión, si no entendía español, ahora guaraní…

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La selección paraguaya que a la postre desvirgó a su país de cualquier tipo de competición continental, incluyendo guerras transnacionales (?). Arriba, de izq a der: Robustiano Maciel, Riquelme, Cabrera, Gavilán, Leguizamón, Ireneo Hermosilla. Abajo: Ángel Berni, Atilio López, Rubén Fernández, Ángel Romero, Antonio Gómez (Fuente)

Y con la discusión en pleno furor, solo hacía falta la intervención de algún termo enajenado para terminar de mandar todo a la mierda. Como el delantero paraguayo Milner Ayala, que se pegó tremendo pique de 50 metros para coronarlo con una feroz patada sobre el árbitro inglés (!!). Lamentablemente no hay registro fílmico de la hazaña, pero lo que sabemos es que ante este aporte a  la sensatez se formó la inevitable tángana entre jugadores en el campo de juego. El público, mientras tanto, protestaba airadamente por el bochornoso espectáculo (?) y expresaba su descontento lanzándole a los jugadores guaraníes botellas vacías de gaseosa y cascotes varios de origen desconocido. Ante esta situación el defensor guaraní Alejandro “Arpa Forro” Arce decidió intervenir e hizo lo que consideró más adecuado para calmar a la gente: agarró una botella y se la tiró de regreso al público (!). Se formó una estampida (afortunadamente sin consecuencias) y se multiplicaron los pedidos de sangre guaraní. Un caos.

Mientras el juez inglés, molesto por la agresión había dado por terminado el partido y ya se había ido raudo a su vestuario. Las crónicas peruanas insisten en que “…había una realidad: los paraguayos se negaron a jugar y los peruanos se marcharon a su camarín a festejar el triunfo”; los paraguayos se saltan ese punto e insisten que el juez simplemente se fue a la mierda. El caso cierto es que los 25 cristianos dentro de la cancha se fueron al vestuario y hasta se ducharon, dando ya por concluída la historia con un 2-1 a favor de los incas. Pero de repente apareció de la nada un delegado de la selección peruana para convencer al árbitro inglés que reanudara el partido, y para obligar a los jugadores a volverse a cambiar y retornar a jugar los diez minutos restantes (!!!). Un genio hiperbólico el dirigente peruca, pero hay que decir también que el público del Nacional también presionó para que se jugara el resto del cotejo, coreando al unísono “otro gol, otro gol” (!!!!!!!!!!). Decirles zonzos es poco para estos agüevados, porque en la reanudación los paraguayos empataron – ayudados por un error del arquero local – y el marcador no se movió más. 2-2 y ahí sí terminó la historia.

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Los diarios peruanos y su lagrimeada (merecida)

¡O no!. Porque en medio del embole a los paraguayos se les escapó la tortugantary (?) con las sustituciones: en total cambiaron durante el partido al arquero; al futuro entrenador de Inter de Milan Heriberto Herrera por Gavilán; Alejandro Arce (el del botellazo al público) por Jorge Romero y a Mílner Ayala por Atilio López. En total cuatro: una más de las permitidas. Tan caótico fue el partido que nadie se dio cuenta: ni los paraguayos, ni los peruanos, ni el juez y ni siquiera los delegados, que en las actas oficiales del partido solo registraron tres cambios. Bueno, nadie salvo un periosida del diario “El Comercio“, que publicó dos días después la noticia en primera plana con el despiste paraguayo. La delegación de Perú se aferró a la ocasión al vuelo protestó ante la organización del torneo, que al final les dio la razón: decidió sancionar a Paraguay dándole el partido por perdido. Ah, y expulsaron de toda competición sudamericana al delantero karateka (?) Milner Ayala por tres años debido a la agresión al juez. Una ironía que un partido con tintes tan épicos se decidiera en el escritorio por una cagada administrativa.

Con este resultado, Perú quedaba de impensado líder transitorio con 5 puntos. Las siguientes dos fechas confirmaron la candidatura de Brasil al título con un 2-0 a Ecuador y un sufrido pero suficiente 1-0 ante Uruguay con gol de un tal Ipojucan ya terminando el cotejo. 6 de 6 para los brasileños (recordemos que eran dos puntos por victoria en esos lejanos tiempos), que en la cuarta fecha se enfrentaban contra los locales con la posibilidad de cuasi asegurar el título en caso de victoria. Los hinchas peruanos seguían con la ilusión intacta el andar de su equipo y el triunfo con la ayuda de su mejor jugador Víctor Escritorio ante Paraguay aumentó la expectativa por la posibilidad cercana del título.

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Los diarios limeños mostraban sin ambages estos momentos de eh, cercana y ardiente (?) intimidad de los jugadores peruanos en su concentración antes del partido contra Brasil. Nótese el probable modelo para el logo del diario “El Bocón” (Fuente)

¡Y otra vez el partido de los peruanos terminó en tángana! (!!!). Ante otro lleno total los locales se impusieron sorpresivamente por 1-0 con gol de Navarrete. Pero al parecer la actuación del árbitro inglés Charles McKenna fue cuestionada por los brasileños, que terminado el cotejo rodearon al juez para hacerle vehementemente una crítica constructiva (?). Acá pasó algo parecido a lo del encuentro anterior contra Paraguay, con la diferencia que esta vez los agresores mostraron su nacionalidad con golpes a montón y a traición: para reforzar los argumentos brasileños el perdedor del Maracanazo Danilo le metió un pelotazo en la cara al juez, y cuando este caía aturdido llegó el futuro histórico Djalma Santos a rematarlo con una patada en la nuca (!). Esta vez sí les tenemos un registro fílmico del hecho hermoooo… eh, perdón, del reprochable acto (?):

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El árbitro McKenna después de la agresión brasileña (Fuente). Ah, ni a Djalma Santos ni a Danilo les cayó una mísera sanción…

El asunto terminó sin más incidentes porque esta vez la policía se encargó de disolver todo amago de verguero evacuando a ambos equipos e imponiendo el orden en la tribuna. De todos modos los aficionados limeños estaban más ocupados en la celebración del histórico resultado (la primera victoria de su historia ante Brasil) y no pusieron atención a lo que pasaba con los indignados brasileños ni con el conmocionado juez británico. Porque aparte de la trascendencia del hecho en sí la selección peruana se colocaba a tiro de su segundo título sudamericano, que lograría en caso que le ganasen en la última fecha a Uruguay y se combinara esto con una derrota brasileña ante Paraguay… a propósito, ¿cómo iban los guaraníes? Después de la batalla contra Perú enfrentaron a Uruguay con un equipo disminuído por sanciones y lesiones (a propósito dice otra crónica paraguaya “El 12 de marzo enfrentamos a Uruguay. Fue uno de esos partidos de cincha y raja donde a causa de las patadas que nos dieron los peruanos ante la complacencia de un panzón árbitro inglés, hubo que recurrir a modificaciones radicales“… periodismo OBJETIVO). Paraguay empató con lo justo a dos goles con La Celeste y le ganaron días después 2-1 a Bolivia. Todo muy esforzado, muy sufrido, sin sobrarle mucho, pero ahí iban los guaraníes. Que llegaron a la última fecha con la lejana esperanza de ganarle a la ultrapoderosa Brasil (que había despachado 3-2 a Chile después de su derrota con Perú) y esperar una derrota de Perú ante la ya sin aspiraciones Uruguay, y así forzar un desempate ante los mismos brasileños. Si, igual que en la copa de 1949.

Y se les dio. Los peruanos pechearon miserablemente ante Uruguay perdiendo 3-0 y se despidieron del título. Y en un partido memorable la humilde y guerrera selección paraguaya derrotó 2-1 a Brasil, los igualó en puntos y obligó a programar un partido final de desempate por el título sudamericano. El héroe de la noche fue el delantero del Guaraní Pablo León, que entró por Atilio López faltando cinco minutos para terminar el cotejo y a los 89 metió el 2-1 definitivo. Mira como se construyen las leyendas a veces, en base a hechos notables y ciertos pero también en malos entendidos que resultan en versiones heroicas pero más falsas que Angeli$i: por ejemplo, es un hecho que esos cinco minutos de León fueron los únicos que jugó con la selección paraguaya. El delantero del Guaraní no volvió a jugar después con su selección, pero le bastó ese pequeño lapso de tiempo para convertirse en uno de los héroes del deporte de su país. Ahora, durante el torneo León cumplió el papel de “aguatero”: el compañero que le pasaba agua a los jugadores que estaban dentro del campo; y como el tiempo a veces es esa chica jodida que te cambia las cosas y te lava el cerebro haciéndote creer lo que no pasó nunca, con los años se deformó la historia a una versión más épica: que León no era jugador profesional sino, de verdad, el aguatero del equipo; y que Fleitas Solich lo metió a jugar esos cinco minutos solamente porque todos sus otros jugadores estaban lesionados (así lo contaron por acá, por ejemplo). Pero nones:la verdad es menos heróica aunque también tiene su dosis de gesta.

El desempate se jugó cuatro días después y a diferencia de 1949, y por fin a la tercera vez, los paraguayos ganaron y se coronaron campeones de Sudamérica. Pero como era ya costumbre lo hicieron con más sufrimiento que ser hincha de GELP: después de colocarse arriba en el primer tiempo 3-0 dejaron venir a los brasileños que se colocaron 3-2 faltando 25 minutos. Pero los de la albirroja apelaron a la mística, a los huevos y al espíritu de los defensores de Curupaytí y aguantaron hasta el final para coronarse por primera vez campeones sudamericanos.

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Para el final dejamos esta foto de una afición limeña luciendo un preocupante promedio de dientes per cápita celebrado con sus jugadores el triunfo ante Brasil.

Los jugadores son lo más sano (jiji) del fútbol: los puteríos de Alemania y Holanda en 1974

Las historias de puteríos causados por codicia y egos encontrados no son exclusivas del fútbol de hoy, nononono. Por ejemplo, debajo de la la explosión mundial de la selección holandesa de fútbol en el Mundial de 1974 hubo mucho más que esa imagen de fútbol total y lirismo eficiente y pobrecitos se merecían el título y toda esa monserga que lee uno de chico. Es más, te digo que ese terrible equipo al que en la final le faltaron cinco para el florín (?) estaba socavado por peleas internas originadas por mezquindades indignas de un grupo de profesionales. Pero sus rivales en la final no se quedaban atrás: los alemanes arrastraban una vergonzosa historia de codicia que por poco priva a su afición de su segundo título mundial. Si no lo sabía se lo contamos acá, y si no, también.

El Holandés revoleador (de caca)

El figurón de la selección holandesa de 1974 era el egocéntrico, crack, multicampeón y figura mundial Johan Cruyff. El flaco era el centro de atención de esa selección holandesa que retornaba a un mundial después de 36 años de ausencia en medio de una gran expectativa. Y ojo que cuando digo “centro de atención” me refiero no solo dentro de la cancha: todas las crónicas coinciden en que a Johan le gustaba la plata más que coger, y si había algo que lo llenara más que el billete era el imponer sus deseos sin importar los demás. Siendo Cruyff el crack máximo del fútbol europeo de esos años le era fácil lo anterior; lo sabía el Barcelona, que se movía presuroso con cada pedido/idea/capricho que se le cantaba en las huevas al habilidoso jugador. ¿Un ejemplo? El entrenador alemán Hennes Weisweiler sería eyectado del Barcelona preciso después que el crack no fuera alineado contra Sevilla en un partido de 1976…

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La selección holandesa en 1972. El portero Jan van Beveren es el primero de arriba, Cruyff es el tercero de los hincados. (Fuente)

La cosa era igual en la selección, como era de esperar. Desde que Cruyff tomó dimensión de figura mundial comenzó a imponer sus gustos y decisiones en el equipo, y se aprovechó de esto para tener más libertades que el Chicho Serna con los árbitros cuando jugaba en Boca. Cruyff y algunos de los del llamado Clan Ajax (Johan Neeskens, Arie Haan, Wim Suurbier, Ruud Krol, Gerrie Mühren, Piet Keizer y Johnny Rep) tenían ventajas económicas y disciplinarias sobre la mayoría de sus compañeros en la selección: llegadas tarde a los entrenamientos, libertad para fumar en el vestuario, escogencia de qué partidos amistosos jugar o no, ausencias de la concentración por viajes así fueran de placer. Muy liberal todo, pero lo más lógico en estas situaciones es que los que están afuera del queso se azararan, y esto fue precisamente lo que pasó. Los inconformes con el estado de cosas eran principalmente los provenientes del Feyenoord: Rinus Israël, Wim Rijsbergen, Wim Jansen, Eddy Treijtel, Theo de Jong o el crack Wim van Hanegem. Pero el que se destacó de los inconformes fue el gran portero del PSV Eindhoven Jan van Beveren, una leyenda del fútbol holandés, un gigante de esos que parecía tapar el arco nada más parándose en frente, y que aparte tenía unos reflejos que te sacaba un obús a quemarropa mandado al ángulo. Van Beveren no tenía pelos en la lengua (¿de dónde putas sacaron ese dicho? Qué gonorrea tener la lengua peluda… eh, sigo) para hablar las cosas y así disparó a los del Clan Ajax por ejemplo después de la fallida clasificación al Mundial de 1970: “No nos hemos clasificado porque algunos jugadores han olvidado la importancia del torneo, se han dedicado a hablar únicamente de dinero y han carecido del compromiso adecuado. Ha sido una gran decepción” ¡BUM!

Por declaraciones como estas el talentoso flaco le agarró ojeriza (?) a van Beveren, pero comía callado; porque quién putas sacaba al inmenso portero de la titular, y más cuando con sobradas actuaciones ayudó a la Oranje a clasificar al mundial de 1974. Pero en el camino al mundial pasaron dos cosas determinantes: 1) el DT que los había clasificado, el checoslovaco František Fadrhonc, no renovó su contrato con la selección y fue reemplazado por el multicampeón con Ajax Rinus Michels, y 2) nuestro Jan se lesionó feo en la ingle y se alcanzó a recuperar justo antes del inicio del torneo. Acá Cruyff agarró el centro perfecto y la picó de volea: cuando el portero se recuperó y pidió al nuevo técnico jugar solo un tiempo en un amistoso previo al debut mundialista, Cruyff presionó feo a su entrenador para que le exigiera que jugara los 90 minutos so pena (?) de no ser convocado. Van Beveren dijo que por qué tengo que jugar todo el partido Michels dijo porque sí viejo lo digo yo Van Beveren respondió que pero así es muy duro don Rinus el técnico dijo así son las cosas mijo lo toma o lo deja van Beveren dijo ahhhh me imagino que ese flaco malparido está echándole carbón Michels dijo piense lo que quiera Van Beveren dijo entonces me voy suerte es que les digo (?). (Fuente)

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Rinus Michels, a la izq cuando era jugador en el Ajax, a la derecha como entrenador

La alineación del técnico holandés con Cruyff era entendible dado que Michels era de la entraña profunda del Ajax. Como jugador había estado doce años en el club con números muy respetables, ganándose fama no solo de rendidor sino de excéntrico: es conocida por allá una anécdota en la que por broma se presentó vestido de mujer con abrigo de piel y todo (!!!) al hotel donde jugaban antes de un partido de visita. Ehh, sí, sí, “BROMA” (?). Pero como entrenador en el Ajax impuso unas reglas y disciplina que rápidamente se ganaron la autoridad de sus dirigidos, que de seguro no conocían esa incómoda anécdota (?). Total que cuando arribó a la selección, menos de un mes de iniciar el campeonato de 1974, tuvo la aprobación casi unánime de los seleccionados. Pero enseguida se hizo del lado del clan Ajax no solo por preferencias sino por evitar un boicot, y entre otras cosas apoyó la “sugerencia” de Cruyff de poner en el arco al mediopelo de Jan Jongbloed (como ya contamos por acá). Algunas fuentes afirman que Jongbloed fue elegido por Michels por su habilidad para jugar con los pies (con las manos era otra cosa), pero da que pensar dado el pobre historial del arquero (remitirse al citado post).

La defenestración (?) de van Beveren fue notoria no solo por su dimensión como jugador sino por la mediopelez de su reemplazo. Pero otras que ocurrieron en el camino, sea por decisión técnica o por otras razones, ehhh, desconocidas, no fueron tan mentadas porque se disimularon con la altísima calidad de los que sí jugaron. Como por ejemplo la no convocatoria de Willy van der Kuijlen, el mayor goleador de todos los tiempos de la Eredivisie (hizo 311 goles en 545 partidos ¡jugando de volante!), que no fue llevado a Alemania por razones que no conocemos. Ah, sí: jugaba en el PSV Eindhoven. O la polémica y efímera convocatoria de Willi Lippens, alemán de nacimiento y germanoparlante pero de madre holandesa, que en su único partido con la selección naranja fue víctima del burling (?) de sus propios compañeros por el temita ese de la nacionalidad, ¿vio? (jugadores como Van Hanegem y Krol que habían perdido a su familia a manos del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial fueron particularmente hostiles con el doblecamiseta)). Van der Kuijlen junto con Jan van Beveren fueron vueltos a llamar a la Oranje en 1975, pero el primero la cagó feo en contra del patrón Cruyff: resulta que al ver llegar al Flaco y a Neeskens a una práctica de la selección un día más tarde que sus compañeros, el volante del PSV soltó un maligno (?) “Ahí vienen los reyes de España”. El chascarrillo (?) llegó a oídos de Cruyff, que acto seguido hizo la propia de él: le exigió al técnico (ya no era Michels) que sacara a van der Kuijlen y ya que estamos a van Beveren o si no él se iba a la mierda. Obvio que sacaron a los dos del PSV: ningún técnico se iba a hacer cargo de echar al ídolo del país.

Willy Van De Kuijlen

Willy Van De Kuijlen

Pero todos estos vergueros al final parecían enterrados entrado el torneo de Alemania 1974, en el que los holandeses se pasearon sobre todos los rivales en bicicleta durante la primera y segunda rondas. El mundo estaba cama laaacaaa con el juego de los holandeses en general y de Cruyff en particular; los de naranja se convirtieron en firmes candidatos al título y todo parecía encaminado a una histórica desvirgada precisamente en casa de los odiados alemanes. Con sus victorias sobre Alemania Oriental, Argentina y Brasil los holandeses clasificaron a la final en la que esperaban ganarle fácil a los locales, que medio a los tumbos y solo mostrando autoridad en la última parte del torneo habían clasificado… A ver, y ¿cómo venían los alemanes?

Si, ¿por Die haus cómo andamos? Toten codiciosen

Del intríngulis (?) de la selección de fútbol de Alemania Federal en 1974 se cuenta muy poco. Los teutones, dirigidos por el respetado Helmut Schön, estaban enclaustrados en una concentración en Malente (suburbio de la ciudad de Münster) cerrada por todos lados y cuidada por guardias y perros armados (los guardias, no los perros, aclaro) y una altísima seguridad, por temor a otro suceso como el de los atletas israelíes en las Olimpiadas de Munich. Era un encierro en teoría, pues igual la mayoría se escapaba bajo la aprobación tácita de todos; por ejemplo el Káiser Franz Beckenbauer no perdonaba su salida diaria /nocturna al amparo de la oscuridad (?) para ir a lubricarle las coyunturas a la actriz Heidi Brühl (uoffffff). Otros frecuentaban sitios de, eh, esparcimiento en la cercana Hamburgo. Escapadas necesarias para todo hombre de bien (?) y que no afectaban la moral ni la disciplina del equipo.

Pero la verdad es que los jugadores alemanes estaban llenos también de problemas y con un puterío tremendo que estuvo a esto no más de dejarlos sin título mundial. ¿La causa? A ver si adivinan: el vil metal. La gloria, el orgullo, la patria, la supremacía aria (?) y el honor de regalarle el triunfo al pueblo alemán les valía Bergen a casi todos los integrantes de esa selección alemana de 1974. Porque lo primero que los preocupaba, lo que los desvelaba y no los hacía concentrar ni disputar amistosos con ganas, era la pregunta: “¿Y cuánto billete nos vamos a llevar si quedamos campeones?”. La inquietud parecía dilucidada días antes del inicio del torneo: la Federación alemana de Fútbol (DFB) acordó con los jugadores otorgarles un premio de 30,000 marcos en caso que lograran el título. Cifra que les pareció suficiente a los seleccionados alemanes… hasta que conocieron un dato que les envenenó la cabeza: la cifra era notoriamente inferior a los premios que iban a recibir otras selecciones participantes al mundial.

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Uli Hoeness, Beckenbauer y Gunter Netzer pen$ando en co$a$ diver$a$ en una práctica en Malente (Fuente)

Y ahí fue cuando comenzaron los rumores, murmullos y cónclaves apresurados a todas horas entre los jugadores de la selección alemana en su concentración para discutir el tema de premios. La situación llegó al clímax una noche, cinco días antes de su debut en elcampeonato mundial, en la que la plantilla decidió llamar por teléfono al mandamás de la DFB para exigir un aumento en el premio en caso de ser campeones del mundo. El líder de esta pandilla de mercenarios era nada menos que Franz Beckenbauer, ya en su tercer mundial, capitán indiscutido y líder absoluto del equipo. El Káiser llevaba la voz cantante en los reclamos a la DFB y fue el delegado por los jugadores en las negociaciones con el presidente de esta, Herman Neuberger. ¿Qué cómo que negociaciones? ¡Las hubo, marica! Por que la DFB insistía en sus 30,000 marcos pero los jugadores – con el Káiser como vocero – exigían 100,000 marcos por cabeza para jugar con ganas. Este merequetengue duró toda la noche hasta que agotó la paciencia del técnico Schön, que al ver la mezquindad de sus dirigidos los llamó codiciosos y amenazó ora (?) con cambiar a los 22 convocados por otros nuevos (!!!!) o incluso renunciar a su cargo. Afortunadamente para los alemanes, la DFB consintió en aumentar el premio a 70,000 marcos, que después de una cerrada votación (11 a favor – 11 en contra) fue decidida con el voto del Káiser que instó a sus compañeros a aceptar. El técnico decidió quedarse y la situación se salvó. Todos contentos.

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La cara de felicidad de estos muchachos irradia expresiones de “¡me gané 70,000 marcos!”

Bueno, casi. Porque los germanos tuvieron una mediocre primera fase con grises triunfos contra Chile y Australia más derrota humillante ante Alemania Oriental. Esta última hizo reaccionar al equipo, que se recuperó cuando más lo necesitaba sobre todo por el impulso y autoridad de Franz Beckenbauer. Total que cuando se enfrentaron en la final esa tarde de verano de 1974 alemanes y holandeses ambos estaban en alza y eran sin dudar los mejores equipos del torneo. Pero de los dos eran los holandeses los que concedieron unas ligerísimas ventajas: 1) un algo inexplicado exceso de confianza hacia los locales; 2) su capacidad de generar puterío estaba intacta. Un par de días antes de la final el diario alemán Croniquen Bild sacó una nota en la que afirmaba que cuatro jugadores holandeses sin identificar habían pasado una noche en la piscina de su concentración en Hiltrup acompañados por dos chicas locales desnudas. Sea verdad o no (el diario nunca publicó fotos del hecho), la nota pegó fuerte en la concentración por la reacción de las esposas de los jugadores, que no cuestionaban si las chicas eran locales o foráneas (?) sino el hecho de estar en cueros con sus esposos en una piscina. Como dicen por ejemplo acá la concentración holandesa se inundó de llamadas de las preocupadas/llorosas/iracundas esposas de los jugadores precisamente un dia antes de la final. Y en esta actividad destacó Danny, la jermu de Johan Cruyff, que lo mantuvo en vela toda una noche bombardeándolo a preguntas y cuestionamientos.¿Tuvo que ver todo este enredo en la preparación de los holandeses para la final? Ni idea, pero definitivamente no ayudó a un carajo…

Como todos sabemos el título fue para los locales, que juiciosamente dejaron las cagadas para después de la final: resulta que en la cena de honor de la DFB a los campeones en Münich no se le permitió la entrada a las esposas de los jugadores… pero sí estaban las de todos los directivos de la Federación. Los indignados jugadores, acompañados de sus esposas y novias, fueron a celebrar como debe ser en discotecas de la ciudad (el humillante episodio fue una de las causas por las que el histórico goleador Gerd Müller se retiró de la selección a sus 29 años; de hecho la final de 1974 fue su despedida como internacional). Años después declaró sobre este bochornoso episodio el legendario Sepp Maier: “los alemanes somos capaces de organizar una competición mundial y aplastar hasta al más fuerte rival con nuestra férrea disciplina. Pero no tenemos la más remota idea de cómo armar una fiesta”. Y sí. Para los holandeses les quedó el soso e inútil título de campeones morales, pero ni eso les sirvió para agarrar experiencia. Cruyff duró unos años más en la selección hasta que se apartó por su propia voluntad en 1977.

Voetbal Nederland tegen Londen (profs), Rinus Michels. *17 maart 1954

Un dato de color final: Cruyff (14) jugó con una camiseta con diseño diferente al de sus compañeros. ¿Si nota que en las mangas luce dos rayas mientras que la del 16 tiene tres? Esto fue porque el Flaco se rehusó a lucir camisetas Adidas por temas contractuales, pues él era de Puma. ¿No cree? Mire esta foto y cuente las rayas en las mangas de Cruyff…

Escándalos y Marrullas históricos Vol II – La Batalla de Belgrado (1977)

Casi todos los listados de esos de “los mejores partidos de todos los tiempos” abundan en espectáculos de fútbol y emoción extrema que lo hacen supuestamente a uno venirse en la pantalla. Pero en la humilde opinión de este aspirante a escribidor, una lista de esas que no contenga el partido del 30 de Noviembre de 1977 entre Yugoslavia y España en el “Pequeño Maracaná” de Belgrado vale mondá. Y no porque futbolísticamente haya sido lindo para ver, sino que todo el antes, durante y después del partido estuvo recargado de una densísima carga de nervios, cagazo, mala leche, recelo, tánganas, pierna muy en alto, murras hermosas, puteadas en castellano y serbocroata, botellazos y sobre todo HUEVOS del tamaño de los Pirineos, que resultó en un partido que se puede calificar – en la humilde opinión de este que les escribe – como épico. Por eso considero que es digno de entrar en esta sección que comenzamos con este post, el partido en mención que fue válido para la clasificación al Mundial de 1978, y que hoy es conocido como “La Batalla de Belgrado“. Par ti da zo, que vale la pena ver con sus hijos para que aprendan lo que es ser hombres y crezcan como seres de bien y (paro acá porque me estoy yendo al carajo).

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El grandote delantero Miodrag Kustodic (9) se la pasó batallando contra los españoles esa tarde/noche. Acá con Camacho (abajo) y Migueli (fuente)

La Furia española: cuando no ganaba un carajo… y tampoco tenía furia

Hasta su explosión de 2008 la selección española de fútbol no era “La Furia” sino “La Churria“. Los españoles lucían un largo historial de decepciones mundialistas y continentales, protagonizadas por equipos – en algunos casos – muy buenos a los que el título se les escapaba por el árbitro, la suerte, el muerto que se comió el gol importante o el arquero con manos de papel. Y en honor a la verdad, la “furia” solo se veía en los editoriales de los medios después de las respectivas eliminaciones, porque en los compromisos en los que había que poner cara de hombre a los jugadores se les notaba una falta de carácter terrible. Ahorita mismo que están dulces nos puede parecer algo difícil de creer, pero en realidad el seleccionado español pasó por épocas negras, negrísimas en las que ni una alegría de las más básicas alegraba al aficionado ese ridículo y veleta de por allá.

Y precisamente para la época que nos ocupa en este post los españoles estaban atravesando uno de esos períodos oscuros. Porque después de su título europeo en el 64 (el único que lucieron en sus vitrinas hasta 2008) y su participación floja en el Mundial del 66 la pifiaron en todos los torneos importantes: las Euro 68, 72 y 76; las eliminatorias a los mundiales del 70 y 74. Entonces imagínate el desespero de la afizión cuando se avecinaba el mundial de 1978 después de 11 años seguidos de frustraciones y derrotas ni siquiera dignas, con un equipo que supuestamente era de primer orden europeo. “Supuestamente” porque en la práctica tenía algunos nombres ilustres pero en general era más un cúmulo de voluntades y jugadores rendidores. Las dos figuras del equipo eran los legendarios Pirri – multicampeón con Real Madrid en los 60 – y Asensi – figurón del Barcelona -, pero cómo no destacar al gran Juanito, delantero del Burgos y futuro ídolo del Real Madrid. Perdón, ¿dije “ídolo”? Corrijo: es ÍDOLO con todas las letras del Real por su amor hacia ese club, porque se hacía matar en cancha y por gestos grandiosos como éste. Imagínate lo grande que era que esos hinchas rencorosos y fatuos (?) del club ese lo tienen como ídolo, tanto que ante gestas difíciles apelan al “Espíritu de Juanito“. Que no te engañe el apodo tan españolamente maricón del tipo: aparte de ser buen delantero derrochaba mística, carácter y huevos.

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El gran Juanito

El técnico de la selección era desde 1969 otra leyenda – más como jugador, aclaremos -: el multicamiseta Ladislao Kubala. El húngaro-checo-hispano-mercenario crack de los 50 y 60 recién se había retirado de las canchas en 1967, y casi sin experiencia previa dirigiendo fue contratado por el Presidente de la Federación española José Luis Pérez-Paya como entrenador de la selección, meramente por su prestigio entre la hinchada. Por puro nombre, digámoslo. Y por eso y por uno que otro contentillo fue que se mantuvo como técnico de la selección durante 11 años seguidos, en los que obtuvo un total de – permítanme, yo verifico… ah, sí, ya tengo el dato – cero logros. CERO. Cuando empezó la clasificación al Mundial de 1978 llevaba el peso del fracaso en dos Eurocopas y unas eliminatorias a mundiales, pero ahí seguía más atornillado en el puesto que Orión en el arco de Boca.

Cuando el sorteo para la clasificación al Mundial de 1978 acomodó a los españoles en el grupo 8 contra Rumania y Yugoslavia, se comenzó a encender el cagómetro: porque el enfrentamiento contra los yugoslavos traía el recuerdo reciente de la eliminación para el mundial anterior. Pero no importó al principio, porque los españoles comenzaron las eliminatorias como de puta madre (?) al ganarle a Yugoslavia en Sevilla por 1-0 el 10 de Octubre de 1976, con gol de penal convertido por Pirri. El partido fue horrible, el fútbol no se veía y el circuito de juego era pesado, denso, rústico. Se apelaba al pelotazo y el juego asociado lo ponían pocos. Las dudas se incrementaron en la segunda fecha en la visita de los españoles a Bucarest en Abril de 1977, al perder por la mínima con un autogol totalmente marica. Con la derrota las alarmas se encendieron y empezó la polémica entre los aficionados y medios por el tema SantillanaRubén Cano. Los dos eran los mejores delanteros del momento: el uno era del Real el otro del Atlético. El primero era un excelente cabeceador y elegante rematador; el segundo era un luchador y algo tosco centrodelantero que hacía goles por pura garra y corazón. El primero era cantábrico (de hecho su nick (?) aludía a su pueblo natal), el segundo argentino nacionalizado con pasado en Atlanta, cuya convocatoria generó polémica en su momento. El tema es que para Kubala solo podía jugar uno de los dos (me parece que en alguna parte supe de una situación similar en otra selección, no me acuerdo…); en cada uno de los dos partidos lo hizoalternaron – mal en los dos casos – así que para el tercero la polémica seguía viva. Nos imaginamos los cafés en Madrid llenos de viejos discutiendo “¡Pero no sé qué le véis vosotros y el Kubala a ese tal Cano! Santillana es el ariete que nezesitamos!”, “Que os den por el culo a vosotros los madridistas con vuestro Santillana… Rubén Cano es corazón y pundonor, como el Atleti, coño!”, “Ojalá viviera Franco para que barra con vosotros, vuestra chusma y los malditos sudacas”

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Rubén Cano

Antes del tercer partido de los españoles se jugó el Yugoslavia – Rumania en Zagreb, y fue sorpresa: victoria de los rumanos por 2-0 que los catapultaba como líderes del grupo con puntaje ideal. Lo que hizo crítico el siguiente partido, en Octubre de 1977. entre españoles y rumanos en Madrid: terminó en victoria 2-0 de los locales que ofrecieron una imagen mejorada respecto de sus dos primeros partidos. Los goles fueron de Leal y… Rubén Cano, que arrancó de titular y justificó su convocatoria con su primer gol en partidos oficiales. Todo pintaba para un foto finish entre españoles y rumanos, pues a ambos les faltaba un partido contra los supuestamente cuasieliminados yugoslavos. Pero el impresionante 6-4 a favor de Yugoslavia en Bucarest resucitó a yugoslavos de entre los muertos y mandó todas las predicciones a la mierda.

Con esa victoria se emparejaba todo, porque a falta del partido Yugoslavia – España en Belgrado las matemáticas daban que si los balcánicos le ganaban a España por dos goles o más, se aseguraban el cupo mundialista por gol diferencia (en este caso los tres equipos terminarían con igual puntaje). Pero si había triunfo español, derrota por un gol de diferencia o empate los ibéricos clasificaban al Mundial. ¿Los rumanos? El mundial se terminó para ellos, porque cualquier combinación los dejaba fuera por su diferencia de gol de -1. Así que la última fecha programada para el 30 de Noviembre de 1977 en el mítico “Pequeño Maracaná” de Belgrado era la gloria o la muerte. Para los yugoslavos, que hasta hace semanas se veían con un pie y la mitad del otro fuera del Mundial, la situación les disparó la euforia y se tomaron el partido casi como un duelo a muerte en donde todo valía. El gobierno nacional declaró festivo el día del partido, la afición se prendió en la fiesta y el ansia de victoria y las declaraciones estaban teñidas de un aire a “A los españoles los pasaremos por arriba”. Cada día que pasaba la expectativa crecía más y más y el país respiraba y vivía fútbol por cada rincón. La fe en el equipo estaba justificada con los nombres que lucía: por ejemplo, el croata Ivica Šurjak, un talentosísimo volante que cubría toda la cancha; el delantero bosnio Safet Sušić o el esloveno Danilo Popivoda, Croatas, eslovenos, bosnios, serbios… gentilicios que en esa época pocos conocían, quién iba a imaginarse que Yugoslavia se iría a la mierda 15 años después.

Algunos que jugaron por Yugoslavia ese partido: Arriba de izq a der: Safet Susic, Ivica Surjak, Danilo Popivoda. Abajo: Miodrag Kustudic, el portero Ivan Katalinic, Vahid Halilhodzic.

La selección española llegó a Belgrado una semana antes del partido y sintió el ambiente denso y caldeado que se vivía en la ciudad. Cada que salían a entrenar el público los obsequiaba con muestras de la hospitalidad local y para rematar los campos de juego que la Federación yugoslava les facilitó eran lodazales impresentables. El hostigamiento se sentía por todos lados del local; afición, medios, jugadores; tanto que por prevención el técnico Kubala ordenó el día del partido comprar el agua y café en un sitio diferente al que acostumbraban… por si acaso, ¿vio? El técnico de los yugoslavos Marko Valok fue uno de los que más contribuyó a caldear el entorno, declarando por todos lados que la presión era de los españoles y dando a entender que se preparaban para un juego cerrado y sucio por parte de estos. Los jugadores españoles entrenaban como podían en medio de ese verguero, aparte con la presión añadida de los dos mundiales seguidos sin clasificar.

Y llegó el día del partido. Como mencionamos arriba, era feriado nacional y el público aprovechó para llenar el estadio desde dos horas y media antes del encuentro. Igual que en los días previos, la gente estaba prendidísima en la fiesta y lo demostró a su manera, tirándole cosas a los españoles cuando salieron a calentar. Cuando salieron los dos equipos a la cancha el estadio se convirtió en una caldera que rugía cánticos de victoria y de deseos que los españoles terminen la jornada en un hostal de Europa del este; del visitante había como 3,000 seguidores dispersos en grupos varios que fueron hostigados con saña particularmente balcánica por los locales. Se cantaron los himnos: el de España fue respetado con un indiferente silencio, el yugoslavo fue cantado por los 66,000 asistentes (otras fuentes hablan de 95,000) con un apasionado fervor que no hacía sospechar que apenas unos cuantos años después se iban a matar entre todos.

Yugoslavia salió al campo con una formación diferente a la que Valok había confirmado el día anterior (!): Ivan Katalinic; Nenad Stojkovic, Drazen Muzinic, Mario Boljat, Jusuf Hatunic, Sead Susic, Aleksandar Trifunovic, Ivan Surjak, Danilo Popivoda, Safet Susic, Miodrag Kustudic. España con Miguel Angel; Marcelino, Migueli, San José, Camacho; Leal, Pirri, Asensi, Cardeñosa; Juanito, Rubén Cano. La alineación de Kubala era la esperada búsqueda por aguantar el partido con el trivote Leal – Pirri – Asensi en el medio, con Cardeñosa desbordando, Juanito de mediapunta y adelante Rubén Cano esperando el milagro de un balonazo al que meterle el tobillo. Sorprendía la presencia de dos debutantes en selección: San José y Cardeñosa (sí, el mismo del gol perdido contra Brasil en el mundial del 78), apuesta arriesgada de Kubala que al final resultó de perillas (?).

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La formación de España en esa histórica tarde de Belgrado. Arriba, de izq a der: Miguel Ángel, San José, Marcelino, Pirri, Camacho y Migueli. Abajo: Rubén Cano, Asensi, Cardeñosa, Leal y Juanito

Y desde el primer segundo el partido mostró lo que iba a ser durante los 90 minutos. Literalmente, lo digo: pitó el árbitro, sacaron del centro los españoles y llegó el grandote centrodelantero Kustudic a levantar con tremendo viaje *(Nota) a Juanito. Tumulto, reclamos, el público abuchea, se levanta Juanito y lo empujan… un embole grande. Los yugoslavos, como era de esperar, salieron al ataque con Surjak como creador pegado a la izquierda, Safet Susic retrasado como volante por el otro lado y Popivoda como delantero por derecha. Todos jugando para tirar el pelotazo para Kustudic, al que ninguno de los españoles conocía (!!!) y que esa tarde hizo cagar bilis a su marcador Migueli con su juego aéreo. Los de casa siguieron pegando impunemente bajo la impávida mirada del juez, el inglés Ken Burns, y el veterano Pirri no aguantó: fue reemplazado a los 10 minutos por fisura en el peroné.

(*Nota: en los momentos más jugosos del partido anexamos un link al video del partido completo en youtube pero en el pedazo que hace mención el texto en particular)

Los de azul atacaban por todos lados y Kustudic recibía, pivoteaba y removía los centrales españoles, que se las vieron tiesas (?) con el nueve yugoslavo. España aguantaba y cada vez que podía intentaba generar jugadas (generalmente pelotazos) que morían en los centrales balcanicos. Con la salida de Pirri Juanito se adueñó del equipo y comenzó a pesar en el juego, ayudado sobre todo por Cardeñosa y sus corridas, pero el partido era dominado en general por los locales. Sin embargo la primera jugada real de peligro llegó recién a los 26 minutos: córner por la izquierda y quién sabe de dónde apareció Kustudic a rematar de cabeza; el balón es rechazado en la línea por Olmo y el posterior rechazo termina en un remate al vertical de Popivoda. El público se prende, el gol pinta para llegar y los españoles resisten como pueden. Pero cuando el respetable estaba agarrando fe y frotándose las manos llegó un rechace a la estratosfera de Marcelino que se convirtió en pase gol a Juanito gracias a un despiste del defensa Hatunic: el disparo posterior terminó pegadito al palo y la gente sintió el sudor frío bajando por su espalda. Primer aviso de que los españoles podían complicar a los torpes defensores de azul a punta de pelotazos.

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Kustudic rematando y Miguel Ángel aguantando

Continuó el encuentro en la misma tónica: a los 37 minutos se generó otra mini tángana que terminó con una amarilla a Rubén Cano. Susic empuja al mismo Cano que cae al piso; los españoles protestan vehementemente, todos se empujan, el publico acompaña como toda la tarde con su concierto. ¿Y el árbitro? Ni mu: un ahuevado total, lo desbordó el ambiente del partido y se dedicó a cobrarle casi todas en contra de los visitantes. A los 44 minutos otra ocasión para España, con jugadota de Rubén Cano por la izquierda, que centra y remata mal Leal. El primer tiempo terminó sin casi ocasiones de gol, con mucho nervio en el ambiente y los españoles en una pierna, pero aún con el orto invicto.

Para el segundo tiempo se acentuó el juego de “tírenselas todas a Kustudic” de los locales. El grandote se las aguantaba, peloteando y rematando cada que podía, pero el gol no llegaba. Juanito comenzó cada vez más frecuentemente a manejar el ritmo del partido, a punta de juego sensato y carácter; a los 13 minutos viene un pase tremendo de Juanito a Cano que recibe, se saca al arquero pero le rebota la bola (!) y esta se fue. El campo es una mierda. Los amagos de tángana se repiten con cada jugada dividida y la impaciencia del local crece con el paso del tiempo, ese puto que siempre corre más rápido cuando uno más necesita que haga la pausa. A los 23 minutos, y preciso cuando el narrador español dice “… en la segunda parte los yugoslavos no han creado una sola ocasión…”, llega una jugadota individual del ingresado Momcilo Vukotic que se va lamiendo el palo derecho. Los hinchas locales se animan y los visitantes fruncen aún más el asterisco; el gol es inminente. Pero afortunadamente para los de la Madre Patria (?) no del lado que se veía llegar: vino esta gran jugada de abajo, una de las más famosas del deporte español de todos los tiempos. Mérito de Asensi que quitó el balón, Juanito que metió un gran pase, Cardeñosa que mandó el centro preciso y Rubén Cano, que metió como pudo el tobillo para el 1-0.

El gol ahí sí que ponía las cosas patas arriba para los locales: ya tenían que convertir tres goles para poder ir al mundial. Tres. Que no se veía que llegaran por ningún lado, porque los españoles estaban aguantando como los varones que no son (?) y los yugoslavos no aprovechaban la inmensa calidad de algunos de sus jugadores para intentar quebrar a una limitada defensa española. Mirando retrospectivamente: el error más grande de los yugoslavos fue generar un ambiente antes y durante el partido tan hostil, que en vez de amedrentar al rival le hizo sacar a los españoles una hombría y carácter que no mostraban más o menos desde la Batalla de Lepanto. De pronto si los de azul hubiesen intentado jugar al fútbol, hoy no se hablaría del gol de Cano sino de la histórica mala racha de los españoles en los 70. Pero bueno, si supiéramos qué nos depara el futuro no estaríamos acá escribiendo. El desespero hizo que los yugoslavos subieran incluso aún más el tono del partido: a los 30 minutos le pegaron un herrrrmoso patadón a Juanito, que terminó en – ooootra vez –  amago de tángana, puteadas en gallego y serbocroata, y el árbitro intentando mostrar cara de autoridad con una tibia amarilla. Los yugoslavos se desesperan y levantan la patica hasta en las jugadas donde no pasa nada. En estos minutos crece la dimensión de Juanito: figurón mandando balones cruzados, recibiendo pata, poniendo el pie, aguantándola. Un crack. Hasta cuando salió a los 31, reemplazado por Dani, en otra imagen icónica del fútbol español: el malagueño, harto de tanta pata y puteadas y reclamos y abucheos del público y árbitros güevones, al salir le dedicó algunos gestos de provocazión al público, que respondió con una fenomenal silbatina y… mejor mírenla ustedes.

¡Ja! Terrible botellazo le tiraron. El legendario delantero se tiró como si le hubieran arrojado una granada y se formó el cogeculo, con los españoles agitadísimos y el público aún más azarado. A los 35 minutos oooootra tángana (!!!!!!) donde le pegan a Migueli, se dan pata todos, hay agresiones disimuladas, le caen a Vaha Halilhodzic. Mientras, al costado, sacan a Juanito del campo. Ahora, si el ambiente estaba más cargado que almuerzo mexicano, este gol mal anulado a Yugoslavia no contribuyó a que la gente se calmara (igual da la impresión que Miguel Ángel no se tiró porque sintió el pitazo del juez).

El resto del partido fue todo Yugoslavia desesperado, tirando pelotazos, echándose al piso cuando sentían pasos de españoles, cagando a centros afanados a los visitantes. Y estos aguantando como podían, reventándola sin asco, tirándose a todas y metiendo autoridad. Hasta que terminó el partido y los españoles fueron todo abrazos y gritos y celebraciones en medio de una feroz silbatina de los aficionados a sus jugadores. Triunfazo de los españoles en un partido que se metió para siempre en la épica local y que de hecho fue uno de los pocos paliativos ante décadas de fracasos consecutivos. Esa tarde no triunfó el fútbol (?) pero sí mostró la belleza intrínseca de este deporte que amamos: las ganas de la gloria, el hambre por triunfar, la valentía ante situaciones adversas. Sí señó: esto es fútbol, carajo.

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Asensi metiendo el pecho en una jugada al final del partido (Fuente)